Existen tipos de perfección de toda índole: emocional, laboral, social, recreacional. Pero cuando cada una de ellas llega a su pick, entonces uno debería experenciar tal nivel de felicidad, que podríamos considerarla –en términos terrenales– como la perfección máxima alcanzable. Yo parece que ando volando en esa perfección estos días, y me tiene con una sonrisa que no se arruga ni con limón.
Partiendo por lo laboral; mis expectativas en Sydney eran bajas, muy bajas. No pensaba trabajar más allá del cleaning en el hostal. La idea era solo mantener un ingreso mínimo para alimentarme y ya. Sin embargo, la inocente sugerencia de la Angeles me hizo cambiar todos mis planes para el siguiente mes. Así es como decidí quedarme hasta Septiembre para ganar lucas en vez de gastar ahorros en Nueva Zelanda mientras espero la working holiday visa. Y tal como siempre (fuerzas a mi favor), no me costó nada encontrar un buen empleo. Desde hoy, formalmente, he sido contratada para vender puerta a puerta productos frescos y 100% naturales, recogidos directamente de los Aussie Farmers, o sea los granjeros australianos. Es el concepto de volver a tener un lechero, pero que reparte leche, huevos, queso, pan, fruta y verdura. En todo caso, yo no soy el Milkman; yo sólo ofrezco el servicio y tomo órdenes de compra.
Pero no todo el plata. El tema social era otro punto importante. En verdad amo este hostal y su gente. Me daba como pena dejar mis tres amiguis de room y el resto de amigos que purulan aquí desde ya varios meses. Todos se pusieron contentos cuando llegué con la noticia que prolongaría mi estadía, y eso me hace más feliz aún.
En terminos recreacionales, voy a ser sincera... la cuota de actividades semanales es baja. Pero eso no quiere decir que no es perfecto. Al contrario, no hay nada que me haga más feliz que difrutar mi día por el mero hecho de existir. No tengo por qué tener un plan cada mañana, no necesito salir corriendo fuera del hostal. Me basta con hacer todas mis tareas cotidianas con tranquilidad y fluir con la dinámica del hostal. Si hay panorama, bien; sino, bien también.
Por supuesto, toda esta felicidad que ahora irradia por los poros, llegó a la perfección emocional con un inesperado ser humano de ojos azules y acento inglés, característico de la zona de Manchester. Tal como puse en mi status en facebook, es incluso más perfecto que Edward Cullen, porque no es posesivo ni obsesivo con protegerme. Han pasado sólo tres días desde que nos conocemos mejor, por lo que no debería estar adelantando nada; ya me ha pasado esto de entusiasmarme con algo/alguien y después me quedo con cuello. Pues parece que no aprendo, porque no me aguanto las ganas de contar que se llaman Daniel (Dan) Hudson y es lejos el más guapo del hostal. Lo mejor de todo es que no tiene ningún problema en reconocerme que esta vuelto loco por mí (jamás en la vida me lo había dicho así, si es que alguna vez alguien lo estuvo a ese nivel).
Daba la casualidad que cuando recién llegué, obvio que me fijé en él (es que es muy rico), pero inmediamente lo clasifiqué como el clásico arrogante que se pasea de una mina en otra cada semana. Una grata sorpresa darme cuenta que estaba rotundamente equivocada.
Ya basta. No debería estar escribiendo tanto... estoy segura que la voy a cagar en un par de días y pronto empezará a evitarme. Por lo menos estoy preparada para eso. Y ahora me voy a dormir, porque mañana es mi segundo día de Opera House!!!!
