Me doy cuenta que si mi vida no tiene sobresaltos, me aburro demasiado! Esta semana estuvo cargada de sorpresas que me devolvieron la alegría al alma. Claramente faltaba algo que me reactivara…
Parto por el lunes, cuando salí tempranito al banco con mi cute little umbrella bajo el brazo. Blanco, hecho con tela de algodón encerada, vuelitos por el borde y costuras en hilo que le dan su toque. Para una mejor idea, imaginen una mujer de la época colonial con su vestido englobado color crema. ¿La ven con una sombrilla abierta apoyada en su hombro? Bueno, esa misma tenía yo, pero con la doble funcionalidad paragua-sombrilla.
Entonces entro al banco y saludo a la ejecutiva de Atención al Cliente que está parada todos los santos días dándole a la bienvenida a cada ser humano que entra. Como siempre, me desea los buenos días y luego agrega un “what a breautiful umbrella!”. Yo muy orgullosa salgo del banco radiante. En verdad amo mi paraguas como si fuera mi hijo. Pienso en que mi mamá se va a enamorar del él y probablemente termine por regalárselo cuando nos encontremos en Sydney.
Entre las fácil 20 personas que me han hecho comentarios de Paraguitas, la que se lleva el Oscar es una mujer que, manejando por el centro-centro de Melbourne, frenó apenas me vió, bajó la ventana y gritó “I LOVE YOUR UMBRELLA!”. Creo que fue en ese minuto cuando más me enamorada me sentí de Paraguitas.
Volviendo al día lunes. Después del banco, tomé mi bus para ir a la casa de Natalia a cuidar a sus bebés (Tote de 2 y Tita de 1). En el camino me puse a leer The Weather Makers, de Tim Flannery (excelente libro por si les interesa estudiar sobre el cambio climático). Concentrada en las distintas capas que componen la atmósfera, de repente caché que ya estábamos en mi parada. Cerré el libro y salté por la puerta a la calle. Se cerraron las puertas, el bus partió y al tercer paso casi se me sale el corazón. Olvidé a mi HIJO en el asiento y cada vez se alejaba más de mí.
Esos 10 segundos que siguieron eran el dilema si correr tras el bus hasta el siguiente stop (y llegar tarde al babysitting) o resignarse a darlo por perdido. Yo no podía dejarlo ir así no más, pero correr parecía ser una opción inútil, porque ni aunque tuviera todo el tiempo del mundo, jamás alcanzaría al bus. “Australia es un país del primer mundo y algo se tiene que poder hacer”, pensé. Me acerqué al panel de recorridos y horarios en el paradero, “tiene que haber un teléfono”. Llamé y por poco le lloro a la niña al otro lado de la línea. Amablemente me da otro número de teléfono. Vuelvo a marcar, mientras miro cómo a lo lejos Paraguitas sigue su camino sin su madre. Me contesta una mina que apenas le entiendo. Con algo de esperanza le explico lo sucedido y me dice que las “lost properties” llegan en la noche, así que debo llamar al día siguiente. Insistí preguntándole si era posible avisarle al chofer (países primer mundistas deben estar conectados por algún sistema computacional, digo yo). Imposible, no se puede, tengo que entregarme y rezar por la honestidad del ser que ponga las manos en mi bebe.
Next day llamé y por supuesto la respuesta fue negativa. OBVIO! Por muy desarrollado que sea el país, la tentación de quedarse con un bello paraguas es demasiado alta. Cagué no más!
Triste muy triste, en la tarde tuve que volver al banco a depositar más $$. Y ahí estaba doña Atención al Cliente. La saludo y le digo “Remember my umbrella? The one that you liked so much?” Ella asiente. “Well, I’ve lost it. Took a bus yesterday and left it inside!” La cara de pena que le puse parece que le afectó, porque acto seguido me dice “Oh no! That’s terrible! But, would you like one of ours?” Y entonces me lleva a una oficina y me regala un tremendo paraguas del Commonwealth Bank, uno que parece quitasol!
De nuevo salí radiante de mi banco. No tanto por tener paraguas nuevo, sino más bien por lo genial que es la vida. Ser testigo de cómo el presente le da sentido al pasado. También la generosidad de las personas es algo que disfruto en plenitud; sentir la entrega desinteresada (aunque le haga publicidad a mi banco en un día de lluvia) es una sensación que aquí se vive mucho más seguido que en Chile y me encanta!
Bueno, esta es una de las historias de la semana. Lean esta primero y luego escribo las otras dos.
Abrazos, besos, y no se olviden que es urgente aprender a ahorrar agua (Chile es la segunda o tercera zona más grande del mundo en sufrir de sequía producto del calentamiento global, y eso ya está sucediendo. Acuérdense no más del último invierno… cuántas veces llovió? Cuántos días fueron realmente helados? Que yo recuerde, fue el invierno más agradable de todos). Cuento con vuestra astucia!








