No sé si recuerdan cuando les conté de Plessey Black, la nena de Manchester que conocí en Tassie cuando iba camino a mi backpacker en Launceston; que luego me la encontré en Hobart, donde salimos a comer y esperar eternamente por esa gypsy band. Bien. Ella misma me escribió tiempo atrás pues vendría a Melbourne. Yo le respondí que feliz de tenerla aquí y salir a recorrer Great Ocean Road (que en ese entonces no conocía).

Cuando Plessey llegó, mi estado anímico andaba cerca del pavimento. A pesar que Rach (otra ex de Tinka que me dejó como herencia) ha sido lejos mi mejor compañía estos días...
... una triste sensación de desesperanza me atacaba por el inminente flechazo por ese inalcanzable DJ de la izquierda. Y si a eso le agregaba lo fome que sigue siendo mi flatmate, la falta de alguien con quien compartir me acongojaba cada vez más. Fue entonces que no dudé en ofrecerle a Plessey que se quedara conmigo, que no tenía por qué gastar plata en backpackers cuando podía alojar gratis conmigo, que había espacio suficiente en mi double bed.
A propósito de camas, déjenme hacer un paréntesis. Acostumbrada a las camas de una plaza y media, no fue ningún problema ceder la mitad del lado izquierdo, pero debo reconocer que, siendo ésta mi primera cama matrimonial in my life, cada noche añoraba estirarme en plenitud. Por cierto, esta cama la tengo desde que volví a mi flat en febrero. Me resistía a tener espacio para dos (un innovador método anticonceptivo muy práctico y efectivo), pero la primera noche fue toda una revelación... eso de dormir en posición estrella me abrió los ojos al mundo. Eso sí, sigo resistiéndome a compartir el espacio con el sexo opuesto.
Entonces, volviendo a la historia. Con Plessey llegó el desorden a mi pieza, pero la alegría a mi hogar. Y la combinación Rach-Plessey fue mejor aún. Los primeros días hicimos hartas tonteras las tres juntas: cafe, internet, playa, cervezas, supermercado, internet, películas, caminatas de atardecer, internet, baile hasta las 3 am con la música de mi adorable DJ, hot chocolates, y más internet.
Pero más allá de todas esas actividades, Plessey y Yo teníamos que planificar nuestro viaje, el cual se hacía cada vez más dificil de coordinar por temas de plata. Y el gran conflicto era que ella estaba dispuesta a gastar sus pocas lucas porque en su mente sentía que ya estaba ahorrando al quedarse conmigo; en cambio, yo sentía que viajar con ella sería un gran desembolso que no tenía por dónde recuperar. Pero finalmente llegamos a un acuerdo de viajar 3 días, no 4, llegando sólo hasta Mt Gambier y no hasta Adelaide como había pensando en un primer minuto.
Es un poco largo de narrar todo lo que hicimos en el viaje, pero tengo unas cuántas anécdotas que contar, partiendo por la primera noche en que dormimos en una ex-carcel. Jocoso.
Ese primer día manejamos directo al punto más lejano, Mt Gambier. Así, los siguientes dos días nos dedicamos a recorrer toda la zona costera, parando en donde se nos daba la gana, metiéndonos por caminos sin saber qué encontraríamos. En una de esas paradas, dimos con este refalín.
También nos topamos con wild kangaroos que nunca pensé que iba a ver.
El tercer día, yo al volante, nos cruzamos con una patrulla y su policeman al interior con detector de velocidad en mano. Resultado: multa de 220 dolares por andar a 82 en zona de 60. Nada que hacer. Puse mi mejor acento de latina, pero no hubo caso. Lo que si conseguí es la privilegiada información del policía, quien propuso no pagar el parte! Según él, en el aeropuerto no revisan las multas, y me aseguró que una multa no paga pasa inadvertida. Yo no sé... estoy pensando en ir antes el juez y ofrecer community service en vez de pagar, porque lo que no tengo es plata!
Bueno, después del acontecimiento, el ánimo de ambas quedó enterrado bajo tierra. Silencio. Pero mi envidiable iPod y maravillos parlantes arreglaron un poco el panorama con música de los 90. Cantamos a grito pelao las canciones de antaño en común... Spice Girls, Backstreet Boys, Ace of Base. Ahí se nos olvidó la costosa desgracia.
El resto del día consistió en la frenética carrera por volver a Melbourne antes de las 5pm, que luego conseguimos alargar hasta las 6pm. Si no lográbamos llegar a Budget a la hora nos cobrarían mucho más, y eso no podía suceder. A la ciudad llegamos tipo 5:10pm, pero entre llenar el tanque con bencina y luego dar vueltas y vueltas perdidas en la City, se nos pasó la hora volando. Felizmente, llegamos a Budget a las 5:59pm!
Los siguientes días con Plessey no fueron tan entretenidos, porque ya me tenía un poco chata compartir la cama. Además, sentía que ella no era del todo la amiga que esperaba encontrar, entonces compartir las 24 horas del día con alguien que no te interesa tanto es terriblemente fome. Pero el tiempo se pasó rápido y llegó el día de su partida. Con ello llegó el orden y la tranquilidad a mi pieza.
La vida sigue demostrándome que es extremadamente difícil la convivencia. Hasta ahora sólo me ha tocado con amigos o seres extraños a mi. Supongo que con alguien importante y especial, como una pareja, debería ser por último más entretenido y fácil lidear con la dificultad. Algún día lo sabré. Supongo.
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