June 21, 2009

The Sad Farewell

No era necesario salir tan temprano, pero la mamá estaba nerviosa de no llegar a la hora. En realidad, algo de razón tenía; el translado al aeropuerto, tal como lo planificamos, era bien fuera de lo común. No es que las pistas de aterrizajes estuvieran lejos de Airlie Beach, sino que nosotras estábamos lejos de "nuestro" aeropuerto... en Mackay, a unas 2 horas de viaje.

Sin dejar de ver cañas de azúcar y canguros en el camino, llegamos finalmente al aeropuerto con tiempo suficiente para devolver el auto, revisar emails y facebooks, sumergirme en Twilight y alimentar estómagos vacios. Luego el vuelo se pasó volando, literalmente. Una vez en Syndey, nos envolvió una sensación mucho más grande que sólo agotamiento. Parecía que arrastrábamos 12 días de alegría, complicidad y aventura materializados en varios kilos más.

El hotel que escogí era un octavo del que tuvimos la vez anterior, todo por salvar la billetera de la mamá, que a esas alturas debía estar en huelga. Pero ahora pienso que fue mucho mejor estar hacinadas en esa enanez de pieza, revueltas entre maletas, cables de cargadores y muchos Snickers. La falta de espacio fue tal vez lo que gatilló que estuvieramos esas últimas horas tan cerca una de la otra, compartiendo el espacio "codo a codo".

La ceremonia de las maletas duró una eternidad. Había tanto por hacer que me llegaba a dar lata empezar, pero eventualmente logré cerrar la ultima maleta alrededor de la una de la mañana. A pesar que yo moría de sueño a esa hora, me quedaba lo más importante por hacer: terminar las últimas 60 páginas de Twilight. 

Creo que dieron las cuatro cuando Bella y Edward me dejaron sin más romance que leer. Entonces abracé a mi mamá y me dormí.

Solo dos horas después despertamos y una hora después llegó el momento que nadie anhelaba. Nos despedimos tal vez como si nos fueramos a ver la semana siguiente. Los abrazos fueron largos y apretados, pero ninguna dijo mucho más. Luego las dos desaparecieron de la pieza y yo traté de volver a dormir sin éxito.

Un par de cosas olvidadas me hicieron salir dos veces de la pieza, la segunda justo a tiempo antes que el taxi partiera rumbo al aeropuerto. Fue entonces que, al volver a la pieza, no aguanté más y el llanto explotó en mil lágrimas, cuán caricatura japonesa. Lo cómico es que en ese momento fue di cuenta que lloraba por dos cosas al mismo tiempo, y la música de Twilight que puse de fondo lo hacía más intenso... por un lado, mi mamá y mi hermana alejándose cada vez más de mí sin volver a verlas en mucho tiempo más; por otro lado, DÓNDE CRESTA ESTA MI EDWARD???

June 18, 2009

Almost The End: Airlie Beach

Continuando con la Ruta de la Caña de Azúcar, salimos de Magnetic Island la mañana del onceavo día, ansiosas por llegar a Whitsundays a descansar –tendidas guata al sol– sobre arena blanca. Tras un poco más de tres horas de viaje, llegamos al pequeño y pintoresco pueblito. A la Cata se le activaron todas las antenas al darse cuenta que Airlie Beach (el pueblo principal de Whitsundays) era de su completo gusto: un lugar entre un Pucón en miniatura y un Reñaca con más tiendas por recorrer. 

Cuando encontramos nuestro "resort"  –que no estaba en Airlie Beach, sino en Cannonvale; y tampoco se imaginen nada pomposo– tiramos todo dentro de la pieza y salimos a deborar comida chatarra por primera vez. Mc Donald's o Hungry Jack's (Burger King en el resto del mundo) no era muy tentador para mi, pero consideré que una marca australiana valía la pena. Así, las llevé a Red Rooster, donde las papas fritas son lejos las mejores que he probado en la industria de las fast -foods.

Después salimos a caminar por la laguna artificial frente a la costa, aprovechando las pocas horas de sol que quedaban.

Pero todo lo bueno de Whitsundays no está exactamente en Airlie Beach, sino en las 74 islas justo al frente, en la extensa Gran Barrera de Coral. Por esta razón, y a pesar de los deseos de la Cata por quedarse a hacer vida social en Airlie Beach, la mamá y yo consideramos que no podíamos perdernos la oportunidad de conocer aunque sea una de las famosas playas de ensueño. Comprarmos tickets 2x1 para tomar un ferry al día siguiente, y luego nos entregamos al típico shopping veraniego: anteojos de sol para mi, bolso de mano para la Cata, y productos de belleza varios.

La mañana siguiente de verdad que tuvimos que madrugar. Nos pasaron a buscar puntualmente a las 7:10am para llevarnos al terminal de ferries, desde donde cruzamos un poco más tarde a Hamilton Island. Todo mis lamentos por haber olvidado mi cámara de fotos en la pieza se pasaron cuando llegamos al otro lado. El entusiasmo fue más grande aún cuando arrendamos –igual que todo el mundo– un "buggy" para movilizarnos más rápido. 
La isla era un poco confusa, llena de callecitas cuesta arriba y abajo, con muchos resorts de lujo (no como el nuestro en Cannovale), pero finalmente encontramos una playa donde echarnos a tomar sol.

Al poco rato ya era hora de volver al puerto para tomar otro ferry que nos llevaría a Whitsunday Island, la isla más grande de toda la Gran Barrera. El destino exacto fue Whitehaven Beach, la playa con la arena más blanca y suave que jamás hayamos pisado. Ahí nos quedamos otro par de horas, haciendo nada más que absorber sol, leer, escuchar música y bañarnos en el mar.

Finalmente, llegamos esa tarde de vuelta a nuestros aposentos con una sensación de semi-nostalgia. Teníamos una sola cosa por hacer y era dejar todo empacado, listo para tomar nuestro vuelo de regreso a Sydney al día siguiente... a pesar que todavía nos quedaban un par de noches, la sensación era que la aventura ya se había acabado, casi.

June 16, 2009

Absorbed in Magnetic Island | Day 2 & 3

Me encuentro ya instalada en Sydney, por fin con todo el tiempo del mundo y free internet para seguir narrando los últimos días de viaje con "Mami Macchiato" y "Cata Cullen" (talla interna, sorry!).

Quedé en Magnetic Island, no? Si, los siguientes dos días fueron fantásticos, muy bien aprovechados y sin estrés de horario, en el sentido que hicimos de todo al antojo y sólo si teníamos ganas... perdón, en realidad a la Cata había que arrastrarla un poco, de lo contrario se quedaba pegada en su libro! Pero como iba diciendo, hicimos hartas, hartas cosas. Algunas de ellas fueron experiencias que dificilmente volveremos a presenciar en la vida, como alimentar wallabies-de-roca silvestres a la orilla del mar y, mejor aún, esperar con mucha paciencia a que una mamá wallabieque cargaba su cria se acercara nosotras. También hicimos una caminata cerro arriba en busca de koalas y encontramos uno a poco metros de altura, sólo un poco más arriba de nuestras cabeza, situación bien extraña pues por lo general están a 3-4 metros mínimo.
Otra situación que nos matamos de la risa fue cuando pasamos a averiguar por los precios para ir a una reserva de animales. Atraídas por una increíble cantidad de cacatúas justo a la entrada del lugar, nos colamos sin querer en el tour de la tarde. Pero fue genial, porque las cientos de cacatúas chichaban y volaban en banda alrededor nuestro –y el resto de los turistas, por supuesto. El guía le pasó comida a la mamá y en el instante fue atacada por una docena de pajarracos. Al mismo tiempo, mientras yo sacaba foto tras foto, una lluvia de "desecho de plumífero" dejó su huella en mi recién lavado y brillante cabello.

Qué más. Ah bueno, cuando volvimos al día siguiente a la reserva nos aburrimos sacándonos fotos con serpientes, cocodrilos y dragones. Terriblemente fome. Pero valió la pena la foto con el koala, la araña gigante (de unos 10 cms), y la caminata por un bosque plagado de mariposas. Yo logré agarrar una y se la pasé a la mamá para que la sostuviera mientras le tomaba fotos, pero parece que la pobrecilla sufrió una lesión, porque al soltarla se me pegó al pantalón y no se fue más. La tuve en mi mano mucho rato y los otros turistas me sacaban fotos a mi! Finalmente la dejé en un árbol, esperando que recuperara su equilibrio, aunque yo creo que la mamá le aplastó algún órgano importante y la dejó grogui para el resto de su corta vida. Habían muchas en todo caso, no worries!

Lo último que hicimos en Magnetic Island fue disfrutar de otra playita, casi entera para nosotras si no hubiese sido por un par de personas. Pero en cuanto empezó a hacer frío, desparecieron y quedamos sólo las tres y el mar. Nos bañamos entre los corales un rato, aunque no logramos ver pececillos. Es que no nos daba la energía para nadar más adentro. 

Curioso fue que más tarde apareció un canadiense entero urgido, preguntando por las especies venenosas en el mar... quien nada sabe, nada teme, no?

June 12, 2009

Absorbed in Magnetic Island | Day 1

Aprovechando que llegamos temprano de vuelta del Undara, se nos ocurrió hacer unos cambios de último minuto. Mi plan original era viajar al día siguiente a Townsville para quedarnos una sola noche; a la mañana siguiente visitar Magnetic Island por el día; luego seguir rumbo a Airlie Beach. Pero el ritmo de viaje nos tenía un tanto cansadas, ya que los trayectos entre destinos estaban saliendo harto más largos de lo que pensaba, obligándonos a madrugar cada día.

Resolviendo el dilema de qué lugares dejar fuera de itinerario, y con una mentirilla piadosa para suspender el hostal reservado, optamos por quedarnos 2 noches –con posibilidades de extenderlo a 3– en Magnetic Island, una isla de la mitad del tamaño de Isla de Pascua (pero muy prometedora), a tan sólo media hora de Townsville.

La mañana siguiente volvimos a levantarnos alrededor de las 7am, para tratar de llegar lo más temprano al ferry. El viaje de 3 horas fue tranquilo, nada especial, más cañas de azúcar y más canguros atropellados en el camino. Excepto por un único sobresalto: tuvimos la suerte de que se nos cruzara una avestruz, esas que tanto nos advertían para evitar un trágico atropello.

La mamá manejó todo el primer tramo hasta que llegamos a Ingham, la ciudad más próxima a Townsville. También todo salió perfecto al entrar a la gran ciudad. Gracias a que el día anterior había memorizado el mapa de calles en Google Earth, logré llegar al ferry para vehículos sin mucha dificultad, y mejor aún, justo a tiempo para la salida de las 12:30pm.

Antes de llegar al otro lado, ya estábamos convencidas que habíamos tomado lejos la mejor decisión de todas. Tan sólo con observar el color turquesa del agua, ya no podíamos más de emoción.
Una vez en la isla, nos dirigimos hacia Picnic Bay donde se ubicaba nuestro hostal, Tropical Palms Inn. El nombre suena mucho más pomposo de lo que realmente es, pero la sencillez del lugar bastó y sobró para las tres noches que, sin dudar, pagamos al momento del check-in.

Inmediatamente después instalar, una vez más, nuestro desorden ambulante, salimos con mapa en mano a explorar la isla. Habían muchas cosas por hacer; principalmente senderos, miradores y playas, cada uno de ellos con algo que los distinguía de los demás.

Para no extraer toda la energía de una sola vez, decidí que nuestro primer recorrido sería una caminata corta, de una hora, hacia el mirador de la bahía donde estábamos. En el camino nos encontramos con las primeras muestras de la fauna que abunda en la isla: mariposas, cacatúas, lagartijas y otros animales y bicarracos desconocidos. Al llegar arriba, esto fue lo que vimos.
Terminando el recorrido, nos dispusimos para la siguiente actividad: puesta de sol en el lado oeste de la isla, para la cual estábamos justo a tiempo. Esta vez motorizadas, tomamos la angosta ruta que bordeaba la costa, hasta que veinte minutos después llegamos al punto más lejano. Nos bajamos del auto un tanto incrédulas de qué tanto podíamos ver desde ese lugar. Detrás de uno árboles alcanzábamos a ver un pedazo de playa y luego el mar; entonces caminamos en esa dirección, deduciendo que ése era el spot donde debíamos observar.

Al avanzar un par de metros, apareció ante nuestro ojos un panorama mucho más espectacular de lo que pensamos

Ahí me volví loca sacando fotos, jugando con las luces y aprovechando el ánimo poseron de la Cata –que últimamente cambia con la dirección del viento.

Aprovechando ya los últimos ocho minutos de luz, partimos de vuelta, para poder esquivar todos los hoyos en el suelo. Y con la suerte que tenemos, se nos cruzó nuestro segundo animalillo: un puerco espín que avanzaba a “toda velocidad”… casi igual que tortuga.

Ya contentas con haber hecho esos dos recorridos, nos fuimos a descansar… era necesario recuperar energía para todas las actividades que nos quedaban en los siguientes días. (To be continued)

Note: link to photos on facebook, here

June 09, 2009

Perdidas a todo sol

Yo sabía que el viaje sería un poco largo, pero nunca se me pasó por la mente lo que significaba pegarse un pique hacia el interior de Australia...

Ese día nos despertamos a las seis de la mañana y salimos a las ocho y media. Undara Volcanic National Park era un panorama que me tenía entusiasmada y no quería llegar tarde para nuestra visita reservada a la una de la tarde. Abastecidas con jugos, snacks, y tacos para el almuerzo, emprendimos rumbo hacia el famoso “outback” o interior – un viaje que duraría unas cuatro horas.

El primer trayecto consistía en subir de nuevo a Innisfail, pasando de nuevo por todas las plantaciones de azúcar y plátanos. El segundo trayecto apareció cuando tomamos la autopista hacia el interior. Todo muy verde y frondoso. La parte más bonita fue cuando llegamos a las Wind Mills (molinos de vientos).

Como dos horas después desde que partimos el panorama cambió. Todo café, deshidratado, árboles pálidos y delgados, hasta las vacas se veían escuálidas. A pesar que la zona es muy desolada, tuvimos la suerte de viajar con un vehículo amigo las siguientes horas.
Alrededor de las 12:00pm vimos un letrero que decía Undara Lava Tubes a 45 kms. Ahí nos relajamos y llegó la alegría al alma. Entonces Cata y Yo cantamos a grito pelado las canciones de MIKA.
A las 12:30pm, dejamos de cantar MIKA. A las 12:45pm la mamá ya no podía ocultar la cara de preocupación y empezamos a preguntarnos si no nos habríamos pasado algún letrero. En eso pasa una camioneta en sentido contrario y, a punta de luces y señales con las manos, logramos que se detuviera. La buena noticia fue que tenían un mapa muy grande donde nos aclararon a mala noticia: nos habíamos pasado hace rato, harto rato!

Eran las 12:55 cuando nos devolvimos con nuestro segundo vehículo amigo.
En total nos habíamos alejado 30 minutos de la ruta correcta, y luego nos quedaban otros 30 minutos más hasta llegar al lugar. Es decir, llegamos 1 hora atrasadas. O sea, estábamos más que fritas con el tour.

Con mi mejor cara de angustia conseguí que nos reembolsaran el 50%. No podíamos hacer nada más, así que buscamos un sitio donde sentarnos a descansar y devorar el picnic que teníamos de almuerzo. Y ahí fue cuando nos bajo el ataque de risa… viajamos 5.5 horas para comernos unos diminutos tacos rellenos con rúcula, fetta cheese, aceitunas y tomates deshidratados!! Peor aún, ahora teníamos que viajar otras 4.5 horas de vuelta!

Finalmente, llegamos a las 7:30pm, reventadas pero muertas de la risa. La aventura fue genial y tuvimos la oportunidad de conocer la zona más característica de Australia.

Iniciando la Ruta de la Caña de Azúcar

En el sexto día salimos de Cairns, dando inicio oficial a nuestra travesía rutera. El destino era Mission Beach, a unas 3 horas. Al poco andar nos encontramos con una tras otra plantación de caña de azúcar, y otro tanto de plátanos. Por esta razón, he llamado a nuestro recorrido como "La Ruta de la Caña de Azúcar".
Luego de 2 horas y media de viaje llegamos al confuso pueblo. Anduvimos perdidas un buen rato al no entender que estaba dividido en norte y sur. Nosotras llegamos a la parte norte, pero nuestro alojamiento estaba en la sur, para la cual había que volver a la carretera y tomar otra ruta. Pero lo bueno de perderse es que te encuentras con playas como Bingil Bay y Mission Beach North
Cuando finalmente encontramos nuestros aposentos, nos esperaba una curiosa bienvenida por parte de los dueños del aparthotel
En ese puro rato que llevábamos ahí ya estábamos maravilladas con todo. Desde el impecable aparthotel hasta las playas desoladas, Mission Beach era un paraíso en el anonimato y la sonrisa se nos salía por las orejas.

Como no teníamos ningún plan, lo único que hicimos fue echarnos a leer y sacarnos fotos en la playa que era entera para nosotras.
Como en esta época del año oscurece re temprano, a las 18:30 hrs, la playita no nos duró mucho. Entonces partimos al pueblo del norte a comprar comida para cocinar estos días y prepararnos para el viaje del día siguiente: un pique no menor al Undara Volcanic Park

To be continued...

June 06, 2009

De backpackers en Cairns

Y me las traje a un hostal de backpackers no más. Si llegaron hasta aquí para verme y conocer mi vida australiana, entonces no se podían perder la aventura de dormir en un lugar así. En todo caso, me preocupé que la experiencia no fuera tan extrema y reservé la pieza familiar en suite y con kitchenet.
Después de instalar nuestro desorden ambulante (4 maletas y 3 mochilas no es poco) tuvimos que decidir cuál de todos los tours disponibles tomaríamos para ir a la Gran Barrera de Coral.  Como aquí la que manda soy yo, opté por la empresa Marine World, que nos llevaría al sector llamado Moore Reef.
La mañana siguiente despertamos alrededor de las 6:45am, tomamos nuestro desayuno al puro estilo backpacker (gratis por cortesía del hostal) y luego partimos con todas nuestra artillería acuática rumbo al terminal de cruceros.

Fuimos recibidas cordialmente por una extensa tripulación que al poco andar ya parecían ser parte de tu círculo de amigos... bueno, es que si te ven palidecer de mareo hasta devolver el desayuno en una bolsita de papel amablemente entregada en tu mano para no manchar el suelo, entonces el nivel de intimidad en esta aventura es a otro nivel.

Casi 1 hora de viaje mar adentro y llegamos a la zona donde se encontraba flotando la base estable de Marine World. La Cata y Yo nos inscribimos para hacer buceo y quedamos en el primer grupo, así que no me quedó mucho tiempo para recuperarme del "sea sickness". A las dos nos costó equalizar los oídos, pero una vez superado, nos maravillamos con el panorama. Yo ya había buceado antes, pero esta vez me lo gocé más porque pudimos tocar algunos bicharracos y peces exóticos. Además los corales aquí no estaban tan profundos, por lo tanto los rayos del sol iluminaban suficiente como para observan los intensos colores de peces y corales. 
Después del buceo, subimos a buscar a la mamá para seguir con el snorkel y tomar fotos con la camara waterproof. 
Poco rato después que nos salimos del agua, llegó nuestro turno de salir a volar. Si, volar en helicóptero! Desde arriba se veían clarisimas las tortugas, manta rayas y tiburones. Yo sacaba y sacaba fotos, mientras controlaba la segunda racha de mareo, pero con la osada maniobra del piloto mi ya vacío estómago sufrió catarsis. Menos mal la madre salvadora tenía bolsitas de papel a la mano.
Volvimos a la base y ahí caimos redondidas las tres. Dormitamos hasta que llegamos a tierra firme, perdiéndonos la oportunidad de tomar la última actividad del día: un semi sumergible donde hubiesemos visto más vida marina.

Al día siguiente nos dimos un relajo y salimos del hostal como a las 11am. Esta vez agarramos el auto y partimos al norte, a conocer Port Douglas. Este paseito no lo tenía contemplado en el itinerario y me encantó porque fuimos parando en varias playas bien bonitas (aunque muy ventosas). Además, nos cagamos de la risa posando frente al lente (así) y comimos unas pizzas exquisitas antes de volver a Cairns.

Finalmente en la noche nos devoramos unos deliciosos Tim Tams (la versión australiana de la Negrita) mientras jugamos UNO.

June 04, 2009

El Glamour de Sydney

Eran las 9:30 de la mañana cuando hicimos el check-in en nuestro aparthotel. Como era de suponer, el dpto estaría disponible recién a las 14:00 hrs, hora en que se termina el aseo. Por mi ningún problema; para la Mamá y la Cata no quedaba otra que hacerse el ánimo de empezar el tour citadino.

La ruta fue muy parecida a la que hice yo cuando recién llegué a Sydney. Hyde Park, Botanical Gardens, Opera House, Circular Quay, The Rocks y Harbour Bridge. Todo en 3 horas y media!
Volvimos al depa a la 1 porque las dos ya no daban más del cansancio; mal que mal para ellas eran las 11 de la noche. El problema es que al empezar a instalarnos y abrir maletas nos entusiasmamos con la entrega de regalos –que casi la confundo con Navidad!
Aprovecho de dar las gracias nuevamente y prometo escribirles un mail personal a cada uno en cuanto me quede solita de nuevo.

Entre el desorden que quedó y el cansancio general, no nos daba para salir a recorrer más. El plan fue cocinar y ver la película del año, Twilight. Salí con la Cata a comprar "groseries" (comida) y al volver mamá dormía plácidamente, pero logramos despertarla para una rica sopa de zapallo con fetta cheese mientras veíamos la película. La Mamá no aguantó mucho más, pero la Cata si que merece aplauso, se mantuvo despierta hasta casi las 9 de la noche, hora en que se acabó la peli.

La mañana siguiente fue la flojera máxima. A pesar que no despertamos tarde (8:30am), nos quedamos ahí hasta pasadas las 3pm. Desayunamos, internetieamos, ordenamos maletas, leímos y nos tomamos todo el tiempo del mundo para levantarnos. Después la Cata y Yo salimos a conocer la tienda Mac de Apple y en la noche fuimos las tres a la casa de la Caro Celis a dejar una maleta con cosas que no necesitaremos en el resto del viaje.

La mañana siguiente hicimos check-out y luego nos quedaban como 3 horas antes de partir al aeropuerto, asi que las llevé al Darling Harbour.
Finalmente llegamos al aeropuerto, donde mamá hizo su primera compra en inglés sin ayuda de nadie. Cuando la Cata y Yo le preguntamos cómo hizo para pedir su café y su muffin, nos cagamos de la risa al escucharla decir "Ai guont E maquiato and E mafin".

Tres horas después aterrizamos en Cairns, donde nos recibió el característico clima húmedo de cualquier zona tropical en el mundo. Ahí mismo en el aeropuerto nos esperaba nuestro Toyota Rav 4.
Y la aventura empezó, por supuesto sin falta de un buen iPod cargado de música y un brand new iTrip para escucharla.

June 02, 2009

Picking up the ladies

Muero de sueño, pero algo de energía queda para continuar la narración de ayer...

Entonces desperté a las 5:30, pero recién a las 6am conseguí comunicarme. El tipo me dijo que a las 7 me pasarían a buscar a la esquina, y yo puntualmente llegue a las 7. Dos minutos después intuí que algo raro podía haber pasado y llamé por teléfono. Se me salieron los ojos cuando el tipo me dice que ya se fue, que yo no estaba ahí y que ya no volvería a buscarme. Mientras escuchaba un "NOU" tras otro "NOU" se me cruzaban mil pensamientos de angustia por la mente. Le alegué y alegué todo el rato, pero sabía que de nada servía, así que terminé por cortarle y parar al primer taxi que vi. Resultado, otros 40 dólares al aeropuerto! 

Una vez adentro, me paré frente a la salida de Aduana esperando ver a la Mamá y la Cata. Pasaban y pasaban los minutos, y sólo veía asiáticos salir hasta por debajo de las piedras. Me empecé a angustiar de nuevo, pensando que tal vez entendieron mal las instrucciones y se fueron para el lado contrario. Me pasee de un lado al otro durante 45 minutos hasta que por fin apareció la cara de la Cata y luego la de la Mamá. ALIVIOOOO!

Obvio que hubo mucha emoción acompañada de besos y abrazo. Desde entonces nos hemos dedicado a regalonear con tuti, aprovechando las comodidades de nuestro super departamento con todo su esplendor.

Pucha, quiero seguir escribiendo pero se me cierran los ojos. Voy a subir fotos antes eso sí, porque a partir de mañana probablemente ya no tendremos internet tan a la mano. Aquí el link a las fotos en facebook.

Besos y abrazos de parte de las 3!
xx

June 01, 2009

Departing Melbourne | Arriving Sydney

Son casi las 10 de la noche. La Cata y la Mamá cayeron rendidas hace rato y yo debería dormir también, porque de seguro me despertarán mañana a las 6am. Pero estoy aprovechando que pagamos internet por 24 horas para escribir lo intenso de esta emotinal roller coaster de las últimas 36 horas.

Salir de Melbourne fue terrible. En el auto de Yanoula casi no hablé, miraba por la ventana y pensaba en todos los momentos claves de los 7 meses que viví en St Kilda. Y mientras más nos alejabamos de la ciudad, más nostalgia me daba, así que opté por mandar un último mensaje general de despedida a todas esas personillas que merodearon el pequeño y loco mundo de Andrea Celedón.

No al borde de las lágrimas, pero con el corazón inflado de tanto cariño, llegué al aeropuerto con un lote de replay texts que me hicieron sentir que todo valió la pena, que incluso el no haber conseguido la visa permanente en Australia hace mi pasar por Melbourne una experiencia más enriquecedora aún.
Click en la foto para leer los mensajes

Una vez aterrizada en Sydney, todo se volvió extraño, ajeno. A eso se le sumó la cuota de mala cueva y el cansancio de arrastrar 15.5 kgs en la mano derecha, otros 28 kgs en la izquierda, unos 8 kgs en la espalda y un mat de yoga que todavía no ha visto la luz. La versión corta de la historia es que a esa hora de la noche no había shuttle que me llevara a Bondi Beach, donde me esperaba mi primi Caro. Eso me hubiese salido unos módicos $15.00, pero tuve que tomar un taxi que me salió 45!

Al entrar a la casa, toda una comunidad latina me esperaba con carrete al puro estilo viña marino. Esos carretes destructivos, donde a nadie le importa si la botella de pisco se dio vuelta o si el cigarro había que apagarlo en un cenicero a punto de eruptar cenizas. La verdad, me cargó sentirme de vuelta en Chile, pero era lo que había...

Finalmente me fui a acostar a las 1 de la mañana, un tanto preocupada de tener que despertar a las 5:30 am para llamar por teléfono para reservar un shuttle que me lleve de vuelta al aeropuerto para ir a buscar a la Mamá y la Cata.

Hasta aquí los dejo, porque la mamá está que me mata con tanto ruido de las teclas al tipear.  Trataré de escribir más mañana.

PS: DEMASIADAS GRACIAS A TODOS LOS QUE ME MANDARON REGALITOS!
Se podrán imaginar mi cara de alegría! En verdad se pasaron, todas las cartitas son hermosas. LQM