Me he demorado en escribir esta tercera historia, porque es muy personal. Incluso pensé en no subirla al blog no más, pero por otro lado no quiero dejar de registrarla en mi bitácora virtual . Así que si no quieren leerla, todo bien. Y para los que se aventuren en la lectura, sorry por lo larga! Es que quiero recordar cada detalle después.
Un sábado, hace 2 meses y medio atrás, era la despedida de Tinka. Por alguna razón, llevaba días sintiendo que esa sería una noche especial. Había reservado hora en la peluquería para hacer uso del voucher que él me regaló para la navidad. En mi cabeza pensaba que toda la emoción era mostrarle mi new look a Tinka, pero cuando llegué al bar Veludo me topé con alguien inesperado que cambiaría el resto de mis días en Melbourne.
Arriba del escenario, un tipo alto y flacuchento pinchaba música electro-house junto a otro DJ, un saxofonista, un percusionista y dos vocalistas. Fuera que la música era del todo mi gusto, su sola presencia me abstrajo completamente. No era su sonrisa, ni el ritmo de su cuerpo al bailar, ni sus manos de dedos largos (así como los míos), ni su jockey blanco, ni sus ojos. Lo que yo estaba viendo –cristal como el agua– era un alma pura, honesta, sencilla y en armonía. Mientrás más lo miraba, más sabía de él: "es creativo, sociable, comprometido, responsable, tiene claro para dónde va, se siente orgulloso de lo que hace, no tiene nada que ocultar. Y es de mi edad".
Luego de un par de horas bailando frente al escenario, casi sin parar de mirarlo, la adrenalina del principio empezó a decaer. Más que cansada, tenía la terrible corazonada que este hombre no podía ser soltero, "es obvio que tiene polola (si no es la señora ya)". Estaba tan segura de ello que quería devolverme a la casa, pero por otro lado sentía que no podía irme sin saber quién era él.
En eso andaba pensando cuando un letrero en la pared me llamó la atención...
"JACKET OFF every Saturday at Veludo". Entonces me fui.
"JACKET OFF every Saturday at Veludo". Entonces me fui.
El siguiente sábado fui decidida a actuar. Me prometí que si no lograba captar su atención, entonces no volvería más. Al entrar no tenía plan ni tema en mente, pero a los 10 minutos de estar adentro sentí que era mi momento, entonces empecé a caminar hacia él. Me reconoció y yo le dije que su CD no funcionaba en mi equipo (era cierto). Él prometió darme otro. Luego la conversación se alargó otros 5-8 minutos con temas de música, hasta que tuvo que volver a lo suyo.
Así fue que empecé a pagar 5 dólares cada sábado (con un par de excepciones) por entrar a Veludo. Algunas veces lograba que me saludara de lejos, otras ni siquiera se daba cuenta que yo estaba ahí. A veces iba con Rach, otras iba sola. A veces iba por la noche entera, otras por 15 minutos. A veces bailaba a todo dar, otras me dedicaba a tomar fotos (album en facebook). Y con el tiempo, el grupo entero me empezó a reconocer y el me empezó a conversar más.
A todo esto, más o menos en la 3era semana ya había corroborado que tiene polola (gracias Facebook por el dato), y desde ese entonces dejé de pensar en el final feliz que me hubiese gustado. Sin embargo, siguía sintiendo que había algo mucho más potente que un mero enamoramiento.
La cosa es que pasaron las semanas hasta que hace 2 sábados me asomé sin muchas expectativas. Asumí que –como siempre– estaría lleno y probablemente no tendría oportunidad para hablarle. Pero para mi sorpresa ese día estaba más o menos vacío. Más aún, me sentí parte de la casa; todos me saludaron, desde los tipos de seguridad hasta el fotógrafo. Y por supuesto, Él.
Esa noche me conversó un rato y luego se dedico a la música. Yo me fui a buscar un copete y me puse a bailar en un rincón cerca del escenario. No pasaron mas de 15-20 minutos cuando veo que se baja del escenario y se acerca a mí. Seguramente me acusé sola con la sonrisa que le puse, pero él very friendly me preguntó si quería algo para tomar. Supuse que me conseguiría algo y luego me dejaría bailando sola de nuevo, pero para mi dicha me dice "tengo un break the 30 minutos, así que podemos quedarnos aquí; no tengo que volver al escenario". Se pueden imaginar mi shock de emoción!
Empezamos a conversar de fotografía. Drásticamente el tema cambió a cicatrices y accidentes de infancia (tiene exactamente la misma cicatriz que yo en la ceja izquierda). Después le pregunté qué hacia durante la semana y me dice que trabaja en marketing. Hablando de trabajo me cuenta que se ha cambiando 42 veces de pega, que le gusta cambiar permanentemente, que necesita probar de todo, etc. Casi exploto de la risa; me dije "este tipo es mi versión masculina!".
La conversación me tenía fascinada, pero ese maldito ruido ambiente me tenía loca. Yo quería escucharlo mejor (aunque el ruido tenía el beneficio de tenerlo bien cerquita), así que le dije que nos cambiaramos al balcón para no gritar tanto. Ahí nos sentamos y seguimos hablando de perspectivas sobre el trabajo, la plata, los hobbies, etc.
No duró mucho más la conversación porque tenía que volver al escenario. Mientras caminábamos de vuelta me bajó la sensación de que no podía ser sólo eso, yo necesitaba saber más de él y ese era mi momento. No lo dudé más y le pregunté si se tomaría un café conmigo durante la semana (por supuesto envolví la pregunta en papel de dulce, diciéndole que había sido una agradabe conversación y que si no le molestaba podíamos continuarla con un café). Él tan agradable aceptó y guardó mi número. Luego me envió el suyo y nos despedimos con un cariñoso abrazo, de esos que te das con los amigos más cercanos. Me fui con las piernas como lana... la verdad estaba tan nerviosa que no me daba para seguir en pie.
La semana que pasó después de eso no hubo mensaje ni llamada. "Este tipo se echó pa' tras", pensé. Tenía dudas si volver al siguiente sábado (el que acaba de pasar), pero al final igual fui. Me había pedido que le grabara un CD con las fotos que tomé de ellos, así que se las entregué y aproveché de recordarle el café. De nuevo para mi grata sorpresa, me dice que en vez de un café por qué no mejor nos juntamos a una sesión de fotografía. Esta vez de verdad que exploté de alegría en su cara (no me pude aguantar). Es que me parecía lejos la mejor idea de todo el planeta!
Hoy es jueves y no me puedo los nervios. Capaz que no me llame. Y en realidad si no nos juntamos no pasa nada. Sólo que me iré de Melbourne con la triste sensación de haberme perdido la oportunidad de conocer a la única persona en Australia con la que sentí una conexión desde el alma, la única persona a la que me hubiese encantado tener en mi círculo social para el resto de la vida, aunque sea como un buen amigo.
