August 31, 2009

This Summery Winter of Mine

Este veraniego invierno está a punto de terminar. Estoy a tan sólo veinticuatro horas de partir y los 22 a 28 grados en Sydney fueron el toque perfecto para disfrutar las últimas once semanas de esta travesía australiana.

Si he de describir mis días en Sydney, prácticamente todo se reduce a The Orginial's Backpackers, mi hostal y hogar. Hice tanto, dije tanto, pensé tanto, soñé tanto, reí tanto, conocí tanto, me aburrí tanto, dormí tanto, comí tanto, bailé tanto, canté tanto, limpié tanto, que me fue imposible sentarme a escribir. Pero hoy no saldré de mi cuarta pieza hasta que termine de plasmar en palabras las vivencias que llenaron mi corazón y espíritu de alegría.

A pesar que la principal actividad en este hostal es comer, tomar, trabajar y dormir, yo siento que hice muchisimo más que eso. Las personas y situaciones que se cruzaron en mi camino durante este período me trajeron más de una cuestionante, una emoción, una perspectiva o una decisión.

Comenzando por Kate, Natalie y Kathrin, quienes fueron mis hermanas de habitación practicamente desde la primera semana. Cada una con ritmos de vida y estilos de organización totalmente distintos, pero todas con un gran corazón y mucha disposición a hacer de nuestra convivencia una grata experiencia. Fue reconfortante sentir que entre las cuatro nos cuidamos día a día, preocupándonos del descanso de cada una, respetando nuestra individualidad, compartiendo lo máximo posible, confiando en la bondad detrás de cada intensión, siendo generosas y comprensivas.

Entre las muchas historias que tenemos juntas, las inolvidables son: las 3 piezas que tuvimos: 14, 22 y 10; las pertenencias perdedidas de Kate cada día; los turnos nocturnos de Kathrin; mis aventuranzas amorosas con la sangre inglesa (de preferencia); los chocolates comunitarios de Natalie; la lentitud de Kate y sus eternos atrasos; mi locura por la saga Twilight y cómo logré traspasársela a varias de las niñas que pasaron por la pieza 14; las infaltables noches de Master Chef, Grey's Anatony y So You Think You Can Dance; y nuestro anhelo en común: encontrar un pololo!

El tema con los franceses fue el opuesto. Por alguna razón, la tropa de franchutes hicieron grupo aparte y prácticamente no le dirigían la palabra al resto de habla inglesa. Fue dificil interactuar con ellos en los espacios comunes, pero fue fácil eliminar del radar social a casi la mitad de los viajeros de estadía permanente. La excepción a la regla fue Anne-Claire, una francesita de pelo crespo, con la que tuve buena onda desde el primer día, pero nunca logramos descubrir si nos conocíamos de antes o no.

Como siempre, el clan inglés-irlandes-holandés-alemán me trajo todas mis alegrías y una que otra angustia. Con personalidades y acentos muy diversos, este grupo se transformó en mi familia. Gente con la que desayune/almorcé/cené a diario, salimos de carrete dos o tres veces por semana, vimos películas hasta el cansancio, y conversamos de las tonteras más fomes por falta de creatividad y elocuencia.

De la interminable lista de historias con ellos, las memorables son: la racha de accidentes y enfermedades que tuvieron Debs, Lorna y Aoife; la noche que Ali se enojó con Gary y Dan después de encontrar el frigobar de la pieza arriba de su cama (el jueguito entre los tres se escapó un poco de las manos); Colin y su fanatismo por el buceo libre; las fiestas temáticas para cada ocasión importante y Ulli contando puntos del programa Weight Watchers.

Siendo éste mi último día, me voy contenta de saber que todos mis cambios de planes fueron la mejor decisión. Este mes adicional en Sydney fue intenso, lleno de emociones y mucha risa. Me rodee de gente que -sin darse cuenta- me ayudaron a crecer como persona, a ser más y más tolerante y, definitivamente, a mejorar aún más mi inglés.

Ahora comienzo otra etapa de vida. Nueva Zelanda será de seguro muy distinto, menos cemento y más naturaleza. Menos gente y más tranquilidad. No tengo muchas expectativas, porque no tengo idea qué experiencias me esperan, pero estoy segura -como siempre- que todo tendrá su razón de ser.

Hasta pronto!

August 06, 2009

To Sell or Not to Sell

Ese "buen empleo" mencionado un par de blogs atrás fue una aberración del porte de un buque! A muchos les podrá tentar el mundo de las comisiones por venta, pero a mi las lucas no me mueven; mucho menos si me siento incómoda en lo que hago.

El martes pasado, Dan y Yo fuimos seleccionados para ser Sales Representatives en la empresa Aussie Farmers Direct. En específico, vendedores puerta a puerta ofreciendo productos frescos 100% australianos: leche, pan, huevos, mantequilla, queso, frutas y verduras, entre otros.

Dan postuló porque en ese momento le quedaban 200 dólares y está desesperado por ahorrar para seguir viajando. Yo postulé porque, con la decisión de quedarme hasta septiembre, me pareció que era mejor aprovechar el tiempo libre ganando unos dolarillos que serven para pagar el hostal y quizás guardar algo para Nueva Zelanda. La necesidad es la misma, lo distinto es la perspectiva.

El miércoles nos entrenaron sobre el servicio y sus productos. Luego el jueves era el primer día en terreno, pero como yo tenía el concierto en el Opera House, el manager taquilla me dejó faltar. Esa noche Dan llegó apestado, más amurrado que cabro chico castigado sin televisión por una semana. Según él, el trabajo era una mierda, pero yo supuse que estaba exagerando...

Entonces llegó el viernes, mi primer día. Como siempre, ese ángel protector que tengo no falló en su tarea por boicotear todo a mi favor. Por una extraña razón, los manager alargaron el BQB (asado) de los viernes, retrasando la salida para las 3:30pm. Luego, el mini-bus donde yo iba cagó-cagó; se le cortaron los frenos y tuvimos que esperar una hora hasta que llegara otro bus a buscarnos. Recién a las 5 de la tarde conseguimos emprender nuevamente el rumbo a nuestro sector. Sin embargo, lo que nunca había sucedido: el supervisor se perdió y no pisamos pavimento sino hasta las 7pm, lo que nos dejaba solo 1.5 horas para trabajar.

Como yo tenía que ser entrenada antes de empezar por mi cuenta, estuve escuchando a otra niña los primeros 60 minutos, así que solo tuve 30 minutos para tocar puertas. Podrán comprender que con un día así, nadie podía esperar que lograra vender, por eso me importó un coco ponerme nerviosa y no lograr dar mi "pitch" (diálogo) en forma coherente.

Hasta ese día nada me parecía mal, sólo pensaba en que tendría algo entretenido para hacer durante el día y que más encima me pagaría por hacerlo. Pero eventualmente se me apareció el lunes y con ello la realidad. Desde las 4pm hasta las 8:30pm toqué timbres en 5-6 cuadras. Total ventas: 0! El sol se fue completamente a las 6:30pm y yo congelada hasta los huesos, reteniendo necesidades biológicas, frustada de no poder revocar las negativas.

Los siguientes días no fueron muy distintos. El martes logré mis primeras dos ventas, lo que me animó por unas horas, pero el frío, la oscuridad, la soledad, la urgencia de ir al baño seguían estando presente. Adicional a eso, una nueva incomodidad surgió... eso de irrumpir en la vida familiar de la gente, aparecerme con mi latero speech cuando están cocinando, cenando, acostando niños, viendo películas, conversando, hablando por teléfono. Peor aún, ¿quién cresta quiere recibir leche en la puerta cuando es tan entretenido ir al supermercado? En general el australiano es bastante amigable y la reacción de la gente no es tan negativa, pero igual afecta que te cierren puertas en la cara o te miren con cara de "no me jodas".

Ya el miércoles no quería hacerlo, pero resistí hasta el viernes, día en que hablé con el manager (pendejo de 28 años) explicándole que esta cuestión me tenía mal. Él todo bueno onda me dijo que me relajara, que nadie era vendedor de profesión, que lo pensara durante el fin de semana y que si necesitaba más entrenamiento la próxima semana, podíamos coordinarlo. Le hice caso y ese día logre una misera venta, lo que reafirmó mis dudas sobre mi capacidad de vender.

Finalmente, desperté el lunes con la decisión tomada. Capaz que lo haya hecho mientras soñaba, porque sencillamente no lo pensé dos veces. Llamé a Ben Da Manager y renuncié. No sólo me sentí aliviada, sino también orgullosa de no venderme por plata. Lo más divertido es que, en un acto de rebeldía, me bajó la necesidad de quedarme todo el día en pijama.... para dejar bien claro que no iba a trabajar más.

A pesar que igual me da un poco de remordimiento no generar más ingresos, me tranquiliza saber que tengo mi trabajo en el hostal y lo amo. Quiero decir que al menos estoy segura que no es de floja que no quiero vender leche, porque juro que no tengo ningún problema en limpiar inodoros cochinos, ni cocinas llenas de grasa.

August 03, 2009

SOH: Classical Mystery Tour

Dedicated to Mum

Había que vestirse para la ocasión, pero mi maleta solo tenía pilchas que no combinaban con nada. No obstante, una vez más la fuerza universal se encargó de solucionarme el problema. Sin siquiera imaginarlo, esa mañana la Angelito me regaló su par de botas de cuero y taco alto, perfectas para usarlas con mi falda roja y chaqueta de cuero ecuatoriano.

Así, radiante y dichosa de lucir una tenida so-not-backpacker, llegué al Opera House para disfrutar una función musical que me transportaría a los años 60-70 y vivenciar una experiencia que nunca logró darse en la realidad, pero que un 6 de junio de 1962, en el estudio número dos de EMI Records ubicado en Abbey Road, tomó forma y fue escuchado por millones de fanáticos alrededor del mundo.

La variedad de instrumentos que Los Beatles mezclaron en su música era suficiente para formar una orquesta. Lamentablemente, la banda no tuvo la oportunidad de tocar junto a una orquesta real, pero les aseguro que el miércoles 23 de julio fue como si los hubiese presenciado en vivo y en directo.

Encontré mi puesto en lo alto del Concert Hall, entre una pareja de adultos mayores y otra en sus cincuentas. Tras una corta espera, la función comenzó con la Sinfónica de Sydney tocando un medley de Los Beatles, en que los violines en el coro de Lucy in the Sky with Diamonds y All You Need is Love dieron el pie inicial para los innumerables "goose bumps" (piel de gallina) de la noche.

Acto seguido entraron al escenario Paul, John, George y Ringo, tomando posición de guitarras y micrófonos para cantar She Loves You. El público siempre muy pulcro, escuchando en perfecto silencio, mientras yo moría por cantar a todo pulmón.

Sería eterno describir cada canción –porque cada una me sorprendió con algo nuevo– pero resumiendo, tanto la orquesta como la banda hicieron copia fiel de la música que ya todos sabemos de memoria. No se les pasó ningun detalle, como la vestimenta de las distintas épocas, las expresiones y forma de moverse que caracterizan a los cuatro músicos, las risas y aplausos en Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band / With A Little Help From My Friends, los "cu-cu-cu-chu" de I Am The Walrus, el reloj-alarma de A Day In the Life.
Como dije antes, estuve toda la noche con los pelos de punta. Tanto así que me llegó a dar frío (en un teatro absolutamente calefaccionado). Fue realmente espectacular! Incluso al final, cuando la banda volvió por segunda y tercera vez a cantar Twist and Shout y Can't Buy Me Love el público bailaba y aplaudía como si fuera un concierto real de Los Beatles; yo obviamente cien por ciento inmersa en el papel de fanática setentera.

Por supuesto, desde principio a final, me acordé todo el rato de ti Mami, porque escogí el concierto sabiendo que tú lo hubieses disfrutado tal vez más que yo. Así que espero este blog te transmita un poco de esa energía y euforia propia de tu época.

MUCHAS GRACIAS POR AUSPICIAR!!!