Me acuerdo de haber dicho tantas veces mientras miraba algún capítulo de Sex and the City, "eso jamás pasa en la vida real". Según yo –y la mayoría de mis amigas– uno jamás conoce gente en la calle y menos termina teniendo algún tipo de relación cercana con tal. Claro, en el caso del show éste las minas conocían minos en el semáforo, en el café de la esquina, en una galería de arte, etc. y al rato después ya tenían una nueva aventura amorosa.
Pues resulta que ahora estoy cachando que tal vez no es tan mentira lo que vemos en la tele. Por supuesto a mí no me tocan los romances pasionales. Pero, a propósito del incidente con el vagabundo, he tenido mi cuota de nuevas aventuras, casi como las de Sex and the City.
Les conté que Rachelle me invitó a un café después de la declaración policial, no? Bueno, esa misma tarde me llamó y me dejó un mensaje, invitándome a cenar a su casa al día siguiente, ya que habían invitado a un amigo de su marido y se acordaron de mi (plop!). Incluso después amplió su invitación, ofreciéndome salir a pasear con ella primero por algunos de los lugares más bonitos del centro de Wellington.
Acepté a todo, a pesar del nervio que me daba plantarme un día entero con ellos. En fin, Rach me pasó a buscar puntualmente y me llevó al Botanical Gardens, al que llegamos vía teleférico (una versión harto más bonita y moderna de los que vemos en Valpo). Después me llevó a la mini-playa que era como 1/8 de Reñaca, donde tomamos helado y café... al mismo tiempo, segundo plop! Finalmente, me llevó a uno de los puntos más altos del sector para ver Welly entero. Ahí sacamos la foto del recuerdo. Entonces partimos de regreso rumbo a su hogar, donde Brail y Andrew (otro plop!) nos esperaban.
No puedo negar que, en el momento que leí ese primer mensaje de Rachelle, me entusiasmé y fantesee un rato con la idea que encontraría a mi galán. Pero se me olvidaba que, en ese aspecto en particular, yo no tengo ni una sola pizca de suerte (y Andrew no tiene ni una sola posibilidad de llegar a ser un candidato para mi). Pero qué importa, por lo menos ahora conozco 3 kiwis de mi edad con quienes espero seguir ampliando el círculo y conociendo Windy Welly.