October 31, 2009

The So Not Expected Experience

Hoy me caí de poto. Literalmente de poto, pero en realidad no me caí, más bien me empujaron... y fue la experiencia menos esperada de toda mi vida!

Resulta que desperté bien tempranito para aprovechar las 6 horas de internet que todavía me quedaban en la biblioteca. Salí del hostal toda entusiasmada por postular a tres vacantes que encontré ayer en gobierno. Con mi mochila al hombro (notebook adentro), iba yo caminando traquilita por la vereda cuando de la nada siento un golpe por mi lado izquierdo, diviso un vagabundo frente a mí y luego aterrizo de poto y espalda en la calle. Para mi sorpresa, el hombre - de unos 50 años - me estira la mano ofreciendo ayuda para pararme. Lo primero que pensé fue "este viejo me va a robar la mochila", y entonces divisé una pareja a un par de metros mirando esta situación. Yo, en vez de responderle al vagabundo, le pido ayuda a la pareja de kiwis. Ellos sin dudarlo se acercaron, pensando que me había desmayado. Mientras tanto el hombre seguía parado ahí mismo, como si no entendiera lo que había sucedido.

Brail y Rachel me levantan del piso y me dirigen a unas sillas fuera de un café. Entonces, les susurro que el hombre me había empujado sin razón. Ahí ellos lo echaron del lugar y entonces el tipo desapareció. Brail me ofreció llamar a la policia y acepté que lo hiciera, pues no sabía si me lo podía topar nuevamente camino a la biblioteca.

Brail se fue siguiendo al tipo mientras hablaba por celular; Rachel y yo lo seguimos un poco más atrás. Cuando llegamos a la biblioteca, divisamos al vagabundo del otro lado de la vereda, paseándose como si nada, y en ese mismo instante aparece la patrulla. Se bajan tres policias del auto, dos se acercan al vagabundo y el otro cruza a encontrarnos.

Y entonces, por primera vez en mi vida, le digo a un policia "yo soy la víctima". Mientras hacía la declaración, otro policia se acercó a Rachel para tomar nota de su versión de los hechos. Al mismo tiempo, podía ver del otro lado de la vereda al vagabundo gesticulando y moviendo las manos, contando su propia versión.

Después de un rato, le pusieron las esposas y lo metieron al auto. Yo terminé de declarar y el policeman me entregó su tarjeta, diciendo que el hombre ha sido arrestado para ser procesado en la corte y que la próxima semana me llamarán por teléfono para entregarme el veredicto.

Finalmente, Rachel me invitó a un café en la esquina, so sweet! Ahí nos conocimos un poco mejor, aunque me costó harto entender su acento. Por supuesto intercambiamos teléfonos y me ofreció juntarnos la próxima semana para ir a ver algo que no entendí qué era, jajaja.

Bueno, esa fue mi mañana de hoy. Perdí como 2 horas de internet, pero bue... por lo menos dio tema para este blog. A todo esto, el computador no tuvo daños y yo estoy bien, aunque un poco adolorida en la mano izquierda y el cuello, pero debiera pasarse durante el día.

October 29, 2009

Back on the track

Pucha que fue dificil llegar a Wellington, pero lo logré. Primero LAN cancela mi vuelo y me cambia para un día antes. Después la partida se atrasa 40 minutos, lo que me deja con los nervios de punta pensando en mi conexión a Wellington. Luego llego a Auckland a las 4am y me encuentro con que Jetstar ha cancelado mi vuelo también! Me dicen que me pueden mandar a las 13 hrs pero finalmente consiguen subirme en el vuelo de las 11:45 hrs. Una vez en el aeropuerto de Wellington, tomo un shuttle (un taxi-van) que me lleva dos veces al hostal equivocado. Lo insólito fue que tuve que sacar mapa para mostrarle al conductor dónde tenía que llevarme!

Pero todos los inconvenientes y malos ratos pasaron al olvido en el momento que divisé Wellington desde el aire. Se mueren lo bonito que es, aunque debo reconocer que no se compara con Melbourne. Es una ciudad de mucho cerro, todos poblados de casas al puro estilo sureño. Es como una mezcla entre Valparaíso (por los cerros) y Valdivia (por la arquitectura).

El clima aquí parece que será todo un tema. Nada de brisas refrescantes como en Santo Domingo, aquí la ventolera es heavy... por algo lo llaman Windy Welly. Incluso me contaron que en algunas épocas tienen que poner barreras para que los peatones puedan sujetarse. Me imagino que lo único bueno de esto será tomar sol en pleno verano sin sentir una gota de calor.

Pero bueno, me imagino querrán saber de mi llegada. Para ser honesta, la experiencia en Australia me dejó seca y ya tengo todos mis trámites listos: tengo celular con plan anual; tengo banco con cuenta corriente, cuenta de ahorro y tarjeta de crédito; ya me hice miembro de la biblioteca y saqué mi primer libro (Memorias de una Geisha, que hace rato quería leer). Además, en cuanto entré a mi pieza, reorganicé mis cosas pensando en una estadía larga, así que ya tengo todo a la mano. También fui al super con mis bolsitas reutilizables y compré comida para la semana. Y bueno, lo único que me queda es conseguir una pega, para lo cual estoy bombardeando las vacantes que hay en gobierno (Wellington es principalmente eso).

Y ahora me despido porque tengo que seguir postulando antes que se me acabe el crédito de internet. Pero los dejo con esta foto que tomé del City Gallery... me recordó ese comercial de las pelotas saltarinas de Sony Bravia.

Speak to you soon! xx

It's a Small World After All

Heme aquí, de vuelta en territorio oceánico y sin haber escrito un blog sobre mi pasada por Chile. Siempre tuve en mente hacerlo, pero nunca la inspiración suficiente. Lo raro es que bastó con sólo subirme al avión para tener el título de este primer post... 

Mi estadía en Santiago fue muy grata; no hay mejor muestra de cariño que todas esas caras desfigurándose de alegría por mi inesperada llegada. El regaloneo de la casa también fue muy bien aprovechado, a pesar que en un principio me chocó un poco volver tanta comodidad. Lo que fue más intenso aún fue volver a mi rutina de antaño y sentir que todo volvía a ser igual, que mi año por Australia se había esfumado. Era como lógico, pero en mi idealizada idea de visitar Santiago, pensaba que el día a día sería muy parecido al ritmo y estilo de vida que aprendí por estos lados. Pero la cosa no fue tan así, y una de las principales razones la descubrí en el vuelo que me trajo hasta acá: se llama factor sorpresa; algo que ocurre en Santiago, pero no todos los días.

Yo por suerte tuve mi cuota de sorpresas, de esas donde uno dice "el mundo es demasiado chico" y "cómo tanta sincronía" (porque nada es coincidencia). Para hacerla corta, aquí va el resumen de los hechos:

1. Le escribo a mi ex-jefe por si tenía algun proyecto donde yo pudiera ayudarlo por 2 meses. Respuesta: "me vienes como anillo al dedo". Resultado: 35 horas de trabajo semanal a partir de mañana mismo.

2. Al par de semanas le llega un correo electrónico a una compañera avisando que una nueva persona ha sido contratada en la empresa que contrata el servicio de call center. Resultado: María José Swett (mi amigui de la universidad) es la nueva supervisora de Followup. Al margen: con la Coté no nos veíamos hace harto rato, así que nos pusimos las pilas y nos juntamos varias veces aprovechando que las oficinas estaban cerca.

3. Me subo al avión y me siento al lado de un brasilero, pero al rato llega un señor señalando que ése era su asiento. Tenía toda la razón, yo me había equivocado, pero el señor insistió que me quedara ahí, que él se podía sentar en el mío. Yo le insistí de vuelta hasta que finalmente me cambié. Pues bien, al sentarme en mi nuevo asiento conocí a mi compañera de vuelo, quien era nada más ni nada menos que la flatmate de un antiguo ex de la Coté (quien también iba en el avión, sentado más adelante).

En conclusión, mi misión en Chile era reactivar la amistad con la Coté, no creen? Igual heavy!