Me rindo! No puedo evitar esto de escribir haciendo referencias de tiempos. Hace rato (ven, a esto me refiero) que estoy tratando de escribir este blog, pero ninguna frase inicial me gusta. El otro día (de nuevo!), vagando en mis pensamientos de escritora, me di cuenta que siempre caigo en el detalle de los horarios y cualquier otra forma de referencia temporal. No se si les pasa lo mismo, pero después de 77 blogs, ya me empieza a molestar. Ni siquiera este párrafo logró capear mi inconsciente narrativo, pero por lo menos escapé de mis repetidos comienzos. Veamos como sigo.
Mis días en Sydney van muy bien. Para mi sorpresa, he tenido más actividades de las que pensé planificar. También, más días soleados de los que esperé de un invierno en el sudeste australiano.
A pesar que extraño un poco mi cama dos plazas y la conveniente privacidad mi pieza en Melbourne, vivir en este hostal me encanta. Incluso podría considerarlo mi pequeño hogar: pasearse en pijama, no importando cuán "impresentable" me puedo ver, es una buena referencia.
Otra cosa que me tiene contenta, es que finalmente conseguí que me dieran trabajo aquí mismo. El sábado fue mi primer día. Tengo que limpiar los diez baños y ordenar la cocina en dos horas. Es trabajo duro, no tanto por las cosas desagradables de limpiar, sino más bien por todos los detalles de los que hay que preocuparse en tan poco tiempo. Sin embargo, me anima pensar que por lo menos voy a poder llegar con algo más de plata a Nueva Zelanda.
Sobre la vida social; fuera de estar en permanente contacto con mis dos primas, tengo en mi pieza tres alemanas y una inglesa que se han transformado en mi familia temporal. Me gusta observar que tenemos una dinámica de hogar, preocupándonos de saber qué planes tenemos, coordinando los horarios de comida, animándonos a salir de vez en cuando, incluso lavando ropa todas juntas.
En resumen, mis quehaceres de hoy en día son básicamente trabajar en el hostal y hacer vida social. Pero hay un asunto mucho más importante que ocupa mi cabeza y tiene que ver con mi vocación y proyección profesional. Por eso me he dedicado a descifrar y darle forma a las cosas que quiero hacer y cómo lograrlas.
La proyección profesional ya la decidí hace rato. Eso de entrar en la industria del cuidado del medioambiente me motiva más que demasiado. Pero mi vocación, como siempre, es algo que fluctúa según la estación del año, lo que me trae una horrible sensación de impotencia. Cuando caí en cuenta de ello, entendí que tenía que definirla de una vez por todas. La buena noticia es que creo que por fin la aterricé y me hace completo sentido: sonrían todos, porque quiero dedicarme a escribir el resto de mi vida.
Entonces ahora que junté peras con manzanas, me veo escribiendo tanto en mi vida laboral como en mi vida personal. Algún día llegaré a escribir una novela romántica, pero por ahora empezaré con un breve ensayo sobre mi visión del calentamiento global y el cuidado del medio ambiente, esperando que eso me ayude a encontrar un trabajo en Nueva Zelanda en el que me dedique a investigar y preparar material educativo.
Tengo fe que esta vez no voy a cambiar de idea y que voy a encontrar lo que busco. Pero si mi destino se niega a dármelo, entonces aplicaré plan B: fotógrafa de flora y fauna alrededor del mundo. No es mala idea.
No pude evtar sonreir y disfrutar con tu blog..........será un placer para todos quienes te seguimos que sigas escribiendo. Todos los días veía si había algo nuevo .........hoy se hizo realidad al fin. Lo disfruté mucho y me alegro que estés tan bien......te quiero mucho
ReplyDeleteGrande andrea, que bueno este bien!!!! y respecto de lo de la profesión, let it be, da lo mismo,,, lo importante es la busqueda y la acción, el resto es sólo música.
ReplyDeleteCariños, Pancho