Heme aquí, de vuelta en territorio oceánico y sin haber escrito un blog sobre mi pasada por Chile. Siempre tuve en mente hacerlo, pero nunca la inspiración suficiente. Lo raro es que bastó con sólo subirme al avión para tener el título de este primer post...
Mi estadía en Santiago fue muy grata; no hay mejor muestra de cariño que todas esas caras desfigurándose de alegría por mi inesperada llegada. El regaloneo de la casa también fue muy bien aprovechado, a pesar que en un principio me chocó un poco volver tanta comodidad. Lo que fue más intenso aún fue volver a mi rutina de antaño y sentir que todo volvía a ser igual, que mi año por Australia se había esfumado. Era como lógico, pero en mi idealizada idea de visitar Santiago, pensaba que el día a día sería muy parecido al ritmo y estilo de vida que aprendí por estos lados. Pero la cosa no fue tan así, y una de las principales razones la descubrí en el vuelo que me trajo hasta acá: se llama factor sorpresa; algo que ocurre en Santiago, pero no todos los días.
Yo por suerte tuve mi cuota de sorpresas, de esas donde uno dice "el mundo es demasiado chico" y "cómo tanta sincronía" (porque nada es coincidencia). Para hacerla corta, aquí va el resumen de los hechos:
1. Le escribo a mi ex-jefe por si tenía algun proyecto donde yo pudiera ayudarlo por 2 meses. Respuesta: "me vienes como anillo al dedo". Resultado: 35 horas de trabajo semanal a partir de mañana mismo.
2. Al par de semanas le llega un correo electrónico a una compañera avisando que una nueva persona ha sido contratada en la empresa que contrata el servicio de call center. Resultado: María José Swett (mi amigui de la universidad) es la nueva supervisora de Followup. Al margen: con la Coté no nos veíamos hace harto rato, así que nos pusimos las pilas y nos juntamos varias veces aprovechando que las oficinas estaban cerca.
3. Me subo al avión y me siento al lado de un brasilero, pero al rato llega un señor señalando que ése era su asiento. Tenía toda la razón, yo me había equivocado, pero el señor insistió que me quedara ahí, que él se podía sentar en el mío. Yo le insistí de vuelta hasta que finalmente me cambié. Pues bien, al sentarme en mi nuevo asiento conocí a mi compañera de vuelo, quien era nada más ni nada menos que la flatmate de un antiguo ex de la Coté (quien también iba en el avión, sentado más adelante).
En conclusión, mi misión en Chile era reactivar la amistad con la Coté, no creen? Igual heavy!
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