June 16, 2009

Absorbed in Magnetic Island | Day 2 & 3

Me encuentro ya instalada en Sydney, por fin con todo el tiempo del mundo y free internet para seguir narrando los últimos días de viaje con "Mami Macchiato" y "Cata Cullen" (talla interna, sorry!).

Quedé en Magnetic Island, no? Si, los siguientes dos días fueron fantásticos, muy bien aprovechados y sin estrés de horario, en el sentido que hicimos de todo al antojo y sólo si teníamos ganas... perdón, en realidad a la Cata había que arrastrarla un poco, de lo contrario se quedaba pegada en su libro! Pero como iba diciendo, hicimos hartas, hartas cosas. Algunas de ellas fueron experiencias que dificilmente volveremos a presenciar en la vida, como alimentar wallabies-de-roca silvestres a la orilla del mar y, mejor aún, esperar con mucha paciencia a que una mamá wallabieque cargaba su cria se acercara nosotras. También hicimos una caminata cerro arriba en busca de koalas y encontramos uno a poco metros de altura, sólo un poco más arriba de nuestras cabeza, situación bien extraña pues por lo general están a 3-4 metros mínimo.
Otra situación que nos matamos de la risa fue cuando pasamos a averiguar por los precios para ir a una reserva de animales. Atraídas por una increíble cantidad de cacatúas justo a la entrada del lugar, nos colamos sin querer en el tour de la tarde. Pero fue genial, porque las cientos de cacatúas chichaban y volaban en banda alrededor nuestro –y el resto de los turistas, por supuesto. El guía le pasó comida a la mamá y en el instante fue atacada por una docena de pajarracos. Al mismo tiempo, mientras yo sacaba foto tras foto, una lluvia de "desecho de plumífero" dejó su huella en mi recién lavado y brillante cabello.

Qué más. Ah bueno, cuando volvimos al día siguiente a la reserva nos aburrimos sacándonos fotos con serpientes, cocodrilos y dragones. Terriblemente fome. Pero valió la pena la foto con el koala, la araña gigante (de unos 10 cms), y la caminata por un bosque plagado de mariposas. Yo logré agarrar una y se la pasé a la mamá para que la sostuviera mientras le tomaba fotos, pero parece que la pobrecilla sufrió una lesión, porque al soltarla se me pegó al pantalón y no se fue más. La tuve en mi mano mucho rato y los otros turistas me sacaban fotos a mi! Finalmente la dejé en un árbol, esperando que recuperara su equilibrio, aunque yo creo que la mamá le aplastó algún órgano importante y la dejó grogui para el resto de su corta vida. Habían muchas en todo caso, no worries!

Lo último que hicimos en Magnetic Island fue disfrutar de otra playita, casi entera para nosotras si no hubiese sido por un par de personas. Pero en cuanto empezó a hacer frío, desparecieron y quedamos sólo las tres y el mar. Nos bañamos entre los corales un rato, aunque no logramos ver pececillos. Es que no nos daba la energía para nadar más adentro. 

Curioso fue que más tarde apareció un canadiense entero urgido, preguntando por las especies venenosas en el mar... quien nada sabe, nada teme, no?

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