No era necesario salir tan temprano, pero la mamá estaba nerviosa de no llegar a la hora. En realidad, algo de razón tenía; el translado al aeropuerto, tal como lo planificamos, era bien fuera de lo común. No es que las pistas de aterrizajes estuvieran lejos de Airlie Beach, sino que nosotras estábamos lejos de "nuestro" aeropuerto... en Mackay, a unas 2 horas de viaje.
Sin dejar de ver cañas de azúcar y canguros en el camino, llegamos finalmente al aeropuerto con tiempo suficiente para devolver el auto, revisar emails y facebooks, sumergirme en Twilight y alimentar estómagos vacios. Luego el vuelo se pasó volando, literalmente. Una vez en Syndey, nos envolvió una sensación mucho más grande que sólo agotamiento. Parecía que arrastrábamos 12 días de alegría, complicidad y aventura materializados en varios kilos más.
El hotel que escogí era un octavo del que tuvimos la vez anterior, todo por salvar la billetera de la mamá, que a esas alturas debía estar en huelga. Pero ahora pienso que fue mucho mejor estar hacinadas en esa enanez de pieza, revueltas entre maletas, cables de cargadores y muchos Snickers. La falta de espacio fue tal vez lo que gatilló que estuvieramos esas últimas horas tan cerca una de la otra, compartiendo el espacio "codo a codo".
La ceremonia de las maletas duró una eternidad. Había tanto por hacer que me llegaba a dar lata empezar, pero eventualmente logré cerrar la ultima maleta alrededor de la una de la mañana. A pesar que yo moría de sueño a esa hora, me quedaba lo más importante por hacer: terminar las últimas 60 páginas de Twilight.
Creo que dieron las cuatro cuando Bella y Edward me dejaron sin más romance que leer. Entonces abracé a mi mamá y me dormí.
Solo dos horas después despertamos y una hora después llegó el momento que nadie anhelaba. Nos despedimos tal vez como si nos fueramos a ver la semana siguiente. Los abrazos fueron largos y apretados, pero ninguna dijo mucho más. Luego las dos desaparecieron de la pieza y yo traté de volver a dormir sin éxito.
Un par de cosas olvidadas me hicieron salir dos veces de la pieza, la segunda justo a tiempo antes que el taxi partiera rumbo al aeropuerto. Fue entonces que, al volver a la pieza, no aguanté más y el llanto explotó en mil lágrimas, cuán caricatura japonesa. Lo cómico es que en ese momento fue di cuenta que lloraba por dos cosas al mismo tiempo, y la música de Twilight que puse de fondo lo hacía más intenso... por un lado, mi mamá y mi hermana alejándose cada vez más de mí sin volver a verlas en mucho tiempo más; por otro lado, DÓNDE CRESTA ESTA MI EDWARD???

Al menos ya sabes su nombre!!!
ReplyDeleteAndreita!!!!!!!!! gracias por todos tus relatos; son maravillosos, tan bien escritos y tan cercanos. Vuelvo a sentirte tan cerca como esas últimas dos horas que dormitamos abrazadas y yo te entregaba toda mi energía amorosa para que te llegue poco a poco todo el tiempo que pase hasta que nos veamos de nuevo. Quedé tan contenta del viaje que la penita que sentí y siento de no tenerte cerca la transformo todos los días en amor hacia ti y en mandarte buenas energías y cuidarte desde lejos.Te queiro mucho y graaaaaaaaciasssssssssss nuevamente por tu blog y tus relatos.
ReplyDeletemami
Te entiendo perfectamente, no hay hombre más ideal que Edward: cuerpo de 17 y mentalidad de un octogenario!
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